Un sabado en casa, un sabado en un mundo con Gonzalo

Sabados de petate

Sabados de petate

Hoy decidi quedarme en casa, hacer las labores del hogar o al menos parte de ellas, leer un poco y escribir si fuese posible. Mientras Gonzalo juega en su petate, estaba pensado en que escribir. Recorde que nunca hago eso los sabados, no no pensar! sino hacer quehaceres.  Fue asi como hice un recuento de que suelo hacer los sábados de mi vida.

Desde hace mucho, desde siempre los sabados son mis dias especiales. Es el día para mi.

No porque me la pase en día entero en pijama ni porque me haga un sin fin de tratamientos de belleza, no! yo no soy así, al menos no tanto. Unas de las cosas que mas me encanta hacer en el mundo, de las cuales tengo una lista bastante reducida pero con sus adiciones actuales, es vagar. No vagar en el termino irrestricto de la palabra, sino porque me encanta estar en la calle, vagando, caminando, conociendo,andando, viendo, curioseando, comiendo.

Empezó mi predilección por los sábados desde que era una adolescente y esta preparándome para hacer mi confirmación, tomaba ese dia para ir a hacer tour por el mundo, con unos cuantos soles en el bolsillo suficientes para el pasaje y la raspadilla, emprendía mi huida de las charlas de la confirma y me iba a andar.  Claro que al final casi no llego a realizar dicho sacramento por mis constantes faltas, pero con un buen argumento y una sinceras disculpas puede convencer a la encargada e hice mi confirmación. Acto seguido, continue con mis andanzas sabatinas con cualquier pretexto.

En otra etapa de mi vida cuando ya había terminado el colegio y me estaba preparando para ingresar a la universidad los sabados siguieron siendo mios. Me había inscrito en una comundidad de cinefilios específicamente del cine Hindu, gusto que me vino por una amiga, donde todos los sabados por mas de 4 años me dedicaba a bailar y comandar esa legión de fanáticos. En aquellas épocas conocí a mucha gente, conoci muchos lugares, infinidad de lugares, hice muchas cosas y todo lo hacia los sabados, salia de casa al medio dia y llegaba casi a media noche, sin hacer nada malo, sin andar con alguien en especial, sin beber, sin hacer nada que me perjudique. Fueron tiempos y vivencias hermosas, de las cuales espero escribir algun dia.

Cuando ya era una mujer hecha y derecha, universitaria, trabajadora y” centrada”. me enamore, Dedicaba el sabado y el domingo al amor, a conocerlo, a explorarlo, a dominarlo y a amar al amor. Nos encantaba andar con las avenidas grandes conversando, fumando un cigarro o tomando un delicioso café en alguna cafetería. Disfrutabamos de la compañia mutua, todos los temas por mas frivolos o banos que sean, eran jocosamente debatidos entre nosotros, intercambiamos ideas, experiencias y sueños. Anduvimos como dos locos enamorados viviendo un sueño posible, al menos yo lo estuve.

Un tiempo después cuando ya no fui aquella liberal universitaria con devaneos de reina hindu, pase a hacer la mujer que tanto odie, dependiente tanto afectiva como económicamente de un hombre. Por consiguiente tambien odie los sabados, los odie fervientemente. Odie su existencia, su permanencia, odie el transcurrir de sus segundos que eran eternos, odie su amanecer esperanzador y su anochecer desgarrador, odie el silencio de la soledad sabatina y odie los destruendosos ruidos de su compañia, odie el hambre y la llenura de mi alma y por supuesto odie y maldije a quien me hacia odiar los sabados. Que pasaba? Porque los odiaba? nadie esta para saberlo ni yo la contarlo, solo es una catarsis imcompleta.

Pasado aquella oscura etapa vinieron los sabados de fiesta. En esos tiempos no eran los sabados mis dias favoritos pero los disfrutaba. Mi situacion habia cambiado, teniamos mas estabilidad, pues viviamos solos, juntos y en un departamento con todas las comodidades que medianamente se pueden permitir dos personas que trabajan. Fue alli cuando mis sabados eran domingos, no había diferencia, es decir empezábamos sabado y terminábamos domingo sin darnos cuenta en que momento sucedía el cambio de dia. Recibiamos en nuestro hogar a quien quisiera llegar, con buen talante y ganas de pasar un buen rato, eran horas de tertulia, charlas, buena musica y entre cerveza y cerveza nos fuimos a la quiebra. Pero fueron buenos sabados.

La siguiente etapa de sabados fueron totalmente distintos, afianzados como “pareja” en su hogar, me pase los sabados venideros, viendo como crecía exponencialmente mi vientre, ya íbamos a ser padres. Me toco los sabados de preperacion, digamos que si los llamare, por que realidad retome mis sabados de vagancia como en la adolescencia. En aquellos dias la noticia de mi nueva maternidad no me cayo en buen momento económico y mas que nada psicológico, por que no me lo esperaba. Debido a eso no me afloraba el instinto maternal por mas panzona que estuviese, por eso dedicaba esa vagancia a ver y buscar cosas para el bebe, a ver si asi me hacia a la idea que seria madre. Las tardes transcurrian entre tiendas de bebes y centros comerciales donde veia mas tiendas de bebes. Conoci los lugares y huequitos mas reconditos de gamarra, donde podria encontrar ropa de maternidad y para el bebe, buscaba sin encontrar el estilo de mi futura maternidad. Nunca anduve sola, siempre estabamos juntos, viendo comiendo, caminando, conversando, acompañados claro por mi enorme barriga que se movia como olas del mar constamente, era Gonzalo saltando de emocion por andar en la calle, ya daba visos que tambien le encantaria andar vagando los sabados. Nos la pasamos asi hasta el dia mismo que me internaron el hospital para tener al bebe. Alli terminaron mis sabados de acompañada soledad.

En la siguiente etapa sabatina, no pude diferenciar los dias, todos eran iguales. Entre amanecidas, llantos y pesadillas terrorificas de post parto y frustraciones por la no lactancia, no volvi a salir a la calle por casi 5 meses, solo en dos ocasiones para navidad y año nuevo, que por fuerza mayor tuve que ir a hacer compras sin el bebe, y claro no fue en dia sabado. Si he de sincerarme aquellos meses eran de locura, sin fuerzas para vagar, pero con unas ganas enormes de huir como en las epocas de confirmacion. Pero que va! Las resisti estoicamente. Cuando el bebe que ahora es Gonzalo a secas, ya estuvo un poco mas grande, por no decir mas durito como dice mi mama, emprendimos juntos el regreso a los sabados de mama. A los sabados de vagancia, a conocer, a curiosear, a caminar y a comer. Pues ahora los dos vagamos juntos, reparo el equipaje, lo baño y me baño, nos arreglamos, cargamos los biberones de leche, nos enfundamos en el porta bebe y salimos los dos, pero esta vez con otro cariz en la vision, ya no eran mis sabados de acompañada soledad, son mis sabados con el.

Sé mis sabados no seran los mismos, asi recorra las misma calle o vea las misma cosas,por que ahora ya no son mis sabados, son ahora Mis sabados en un Mundo con Gonzalo.

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